¿Sigues siendo carismático?


Habiendo crecido y pastoreado dentro de la tradición pentecostal/carismática, las personas a menudo me preguntan si todavía soy un carismático, ahora que soy anglicano.Afortunadamente, ser Anglicano no requiere que uno deje de ser carismático, y siento que he continuado en eso.


Pero ser Anglicano ha cambiado mi comprensión de lo que significa ser carismático. Tiendo a decirle a la gente que creo que la mayor parte de la experiencia y renovación carismática del último siglo ha sido un movimiento del Espíritu Santo y ha tenido un efecto milagrosamente bueno. Y, sin embargo, al mismo tiempo, tiendo a no estar de acuerdo con gran parte de la teología y la práctica del movimiento carismático.

Sin embargo, cuando comparto eso, la reacción es a menudo “Espera un minuto. ¿Puedes hacer eso? ¿Puedes ser un carismático que no esté totalmente de acuerdo con la práctica o teología carismática?”


Creo que sí. Déjame explicar.


Nuestra experiencia de Dios es una cosa, y nuestra reflexión sobre ella es otra. Y, además, después de reflexionar sobre un mover de Dios, tratamos de poner en práctica lo que hemos experimentado. En otras palabras, primero experimentamos a Dios. Luego reflexionamos sobre esa experiencia (teología) e intentamos captar esa experiencia y transmitirla a las generaciones futuras (práctica o reforma).


Mi sensación es que las renovaciones pentecostales y carismáticas fueron y son un milagro de Dios. El Espíritu Santo dio nueva vida a la Iglesia cristiana, comenzando con personas pobres y marginadas a fines del siglo XIX y principios del siglo XX (calle Asuza), fluyendo hacia la fundación de las Asambleas de Dios y la Iglesia de Dios como denominaciones pentecostales clásicas.


Fluyendo alrededor de y dentro de ese movimiento pentecostal, la renovación finalmente se extendió a las iglesias principales (por ejemplo, Terry Fullam y el “Milagro en Darien”) y la Iglesia Católica Romana. La gente hablaba en lenguas, cantaba alabanzas y su fe en Jesucristo estaba cobrando vida. Muchas personas comenzaron a leer las Escrituras con nuevos ojos. Se despertó un nuevo fervor por los dones espirituales. No solo los dones carismáticos, sino todos los dones florecían en muchos lugares. La gente una vez más comenzó a creer que cada Cristiano era un ministro de su comunidad. Cada Cristiano puede tener poder y talento para servir.


En términos de la Iglesia Episcopal, el movimiento de renovación carismática era prácticamente lo único que convertía a las personas y las acercaba a Cristo. De hecho, hoy en día, la mayoría de los Anglicanos ortodoxos mayores de cuarenta años en Estados Unidos rastrean su conversión o renovación a ese movimiento.


Mis propios padres se convirtieron a través de un servicio de sanación carismático en el que mi papá tuvo una visión de Jesús. Creo que eso fue real, y era de Dios. Doy gracias a Dios todos los días por ello.


Y esta nueva renovación fue un movimiento que produjo raíces. Los pobres se llenaron con el Espíritu Santo y dirigieron la mayor parte del movimiento temprano. Surgieron comunidades multiétnicas. Las personas en las naciones empobrecidas fueron atraídas a Cristo.


Las jerarquías de la iglesia no sabían qué hacer con esto. Por un lado, millones de personas se estaban convirtiendo o experimentando renovación. Por otro lado, no había sido su plan o idea. Era desordenado. Era populista. No fue planeado. Por supuesto, muchos líderes de la iglesia querían detener este tren antes de que se descarrilara.


Por supuesto, las personas que estaban experimentando este gran movimiento comenzaron inmediatamente a tratar de entenderlo en las Escrituras y en la teología. Para mí tiene sentido que, dado que muchos de ellos estaban hablando en lenguas, asumieron que hablar en lenguas debe ser la señal de ser llenado por el Espíritu. O que una experiencia enfervorizada del Espíritu debe ser una especie de segundo bautismo. O que las jerarquías de la iglesia siempre deben ser prohibitivas al movimiento del Espíritu, etc. Todas estas cosas tienen sentido en términos de personas que intentan comprender su experiencia. Pero en términos de una reflexión cristiana que toma en cuenta todo el Evangelio y toda la historia de la Iglesia, se quedan cortas.

Como es cierto en la mayor parte de la historia humana, los carismáticos y aquellos que se resistieron a ellos estuvieron en lo correcto y en lo incorrecto. Los que se resistieron lo hicieron por algo real que estaban viendo: un rechazo hacia cualquier tipo de autoridad. Un deseo de poder. Un liderazgo manipulador que pretendía no liderar. El movimiento carismático de hecho ha tenido algunos desastres masivos. La obsesión con los milagros y dones, el evangelio de la prosperidad y el anhelo de poder personal (especialmente para los líderes del tipo de “culto a la personalidad”) han causado mucho daño. Y, sin embargo, al mismo tiempo estaban sucediendo cosas maravillosas. Los carismáticos y los “no carismáticos” tenían razón. Dios estaba trabajando en este movimiento, pero él no estaba inspirando un motín o una rebelión. Por otro lado, él no estaba inspirando una nueva burocracia o simplemente deseando que surgieran cursos en los seminarios como “Estudios de Espíritus”. Él estaba respirando nueva vida en la Iglesia. Creo que todos hemos malinterpretado eso. Y, sin embargo, eso está bien. Lo que nos queda hoy es discernir cómo esa reforma puede ser a la vez carismática institucional. Ambas son importantes.


El mismo Pablo dijo que “no todos hablan en lenguas”. También dijo que “no prohíbas hablar en lenguas” y que él mismo habló en lenguas. Pablo escribió que “todo debe hacerse decentemente y en orden” y nombró ancianos en cada ciudad. Y, sin embargo, él enseñó que cada cristiano, en el bautismo, se le había dado el Espíritu Santo y era ungido. Y, sin embargo, también alentó los encuentros experienciales con Dios. Según Pablo, recibimos el Espíritu Santo en el bautismo, pero luego debemos orar para ser llenos continuamente. Pablo parece haber creído que los dones carismáticos eran para algunas personas, y esas personas servirían a toda la Iglesia a través de ellos. Él parece haber creído que el orden y el gobierno de la iglesia no eran opuestos a los dones espirituales o a los movimientos orgánicos. Parece que él vio todas estas cosas juntas, en lugar de en oposición.


Así que, para mí, ahora como anglicano, siento que los dones carismáticos siguen operando. Pero necesitan operar dentro del orden y la estructura de la iglesia. El Espíritu Santo está presente tanto en expresiones espontáneas como en oraciones escritas. Él trabaja a través de obispos y trabaja a través de evangelistas callejeros. Él les da a algunos el don de lenguas y a otros el don de administración. Los carismáticos son una parte importante de la iglesia, pero junto con otros grupos, deben tener influencia y, al mismo tiempo, estar abiertos a aprender de otros con otras experiencias y dones. Este carismático “holístico” es el tipo que estoy tratando de llegar a ser.


Por ejemplo, cuando crecí en la tradición pentecostal/carismática, a menudo teníamos personas que se levantaban en la iglesia y daban una palabra de conocimiento, una profecía o un mensaje en lenguas (que luego era interpretado). Para mí, este tipo de dones todavía son parte de la Iglesia de hoy. Sin embargo, la forma en que se expresan no tiene que ser la misma todo el tiempo. Ponemos al Espíritu Santo en una pequeña caja si pensamos que solo puede usar estos dones de repente y en medio de un servicio de adoración.


¿Por qué el Espíritu Santo no puede dar una palabra de conocimiento en un miércoles?

En mi parroquia, yo he animado a gente con estos dones a orar por palabras de conocimiento o mensajes para la iglesia durante la semana. Les pedí que se reunieran conmigo y compartieran su sentido de la dirección de Dios. Les pedí que confiaran en que el Espíritu Santo nos guiaría a discernir para quién era esta profecía o palabra de conocimiento, si se debía compartir, y cuándo. Sentí que la mayoría de la gente de nuestra parroquia no habría recibido un mensaje repentino y aparentemente intrusivo. Sentí que nos distraería de nuestra adoración en ese momento. Pero en varias ocasiones, pude compartir estos discernimientos con nuestra junta parroquial, nuestra iglesia o a individuos. Sentí que esta era una manera holística y bíblica de expresar este don en nuestro contexto.


Si soy sincero, la mayoría de las personas que he conocido en el anglicanismo que son carismáticas no parecen aceptar este enfoque inicialmente. A veces, han sido entrenados por líderes carismáticos para infiltrarse en las iglesias (no de una manera siniestra) para tratar de que todos en esa parroquia actúen, hablen y piensen igual que ellos. Tratan de hacer que la gente levante sus manos más, que llore, que hable en lenguas, que escuche los mensajes de Dios todo el tiempo y que siga a los mismos líderes espirituales que ellos siguen. A veces las personas no te aceptan como lleno del Espíritu a menos que estés de acuerdo con su teología o estrategias, o que expreses su jerga. He visto muchos no carismáticos frustrados, y muchos carismáticos decepcionados.


La otra cara de la moneda es la gente que piensa que todos los carismáticos son fanáticos peligrosos. Pueden volverse cínicos con respecto a los dones espirituales y tener miedo de cualquier cosa fuera de lo común. Pueden sentirse incómodos con alguien que es expresivo. Es posible que quieran aplastar cualquier cosa que no se ajuste a nuestro sentido del orden. Para esas personas, creo que es importante escuchar que no tienen que estar de acuerdo con la teología de los carismáticos, o incluso con las estrategias carismáticas típicas, para apreciar la perspectiva y la presencia carismáticas. Una vez que los no carismáticos se dan cuenta de que pueden aprender de los carismáticos sin tener que estar de acuerdo en todo, a menudo se vuelven más abiertos. De hecho, a menudo se dan cuenta de que también son carismáticos, pero que simplemente no lo sabían.


En lugar de presionarnos mutuamente para que lleguemos a un acuerdo sobre especulaciones sobre los dones espirituales y las expresiones carismáticas, todos debemos traer nuestras experiencias y dones a la iglesia y ofrecerlos. Deberíamos ofrecerlos de una manera que se ajuste a esa comunidad, que honre a sus líderes y que lleve a las personas al Evangelio, y no a nosotros. Después de todo, Jesús dijo que el Espíritu Santo dirigiría la atención de las personas a Jesús, no a sí mismo. El Espíritu Santo se manifiesta en la liturgia, en el bautismo y en la eucaristía, en nuestra vida diaria, en los milagros y en las experiencias enfervorizadas. Él no está limitado.


Si queremos descubrir dónde está trabajando el Espíritu Santo hoy, no deberíamos buscar nuestras propias experiencias o expresiones reflejadas en otros. Debemos buscar el fruto del Espíritu. En cualquier lugar donde alguien ama a Jesucristo, ama a su prójimo, cree en el Evangelio y lo ama, allí es donde actúa el Espíritu Santo. ¿Eres carismático? Genial. No todos lo son. Busque el fruto del Espíritu, y cuando lo vea, regocíjese, incluso si la persona no habla en lenguas o no ama bailar en el Espíritu. ¿Eres un no carismático? Genial. Algunas personas lo son. Busque el fruto del Espíritu, y cuando lo vea, regocíjese, incluso si la persona no ama el canto de salmos o la sucesión episcopal.


Prefiero no agregar palabras como “carismático” o “evangélico” o “católico” delante de “Anglicano”. Pero para mí, eso es lo que significa ser un anglicano que también es carismático, y me siento en paz en ese lugar.


Greg Goebel es el fundador del sitio “Anglican Pastor.” El es un pastor Anglicano dentro de la Iglesia Anglicana de Norteamérica. Sirvió en una iglesia evangélica sin denominación antes de ser llamado a server dentro de la Iglesia Anglicana en 2003. Ha servido como pastor asociado, administrador parroquial y rector (pastor principal). Sirve actualmente como el canónigo del Obispo para la Diócesis Anglicana del Sur (Anglican Diocese of the South).

Traducido por: Matias Flores, miembro del equipo de Comunicaciones de Caminemos Juntos.

Greg Goebel

Greg is the founder of Anglican Pastor. He is an Anglican Priest of the Anglican Church in North America. He served in a non-denominational church before being called into the Anglican church in 2003. He has served as an Associate Pastor, Parish Administrator, and Rector. He currently serves as the Canon to the Ordinary for the Anglican Diocese of the South.

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